02/10/11

Ves en cuidao' que te gotea el cepillo.

Ella se llevó la manó a la barbilla al tiempo que caminaba en dirección al baño. Se miró en el espejo moteado de gotas secas que salpican y no avisan y se concentró en el vibrar del cepillo alrededor de sus molares y pre-molares. Pensó en coliflores, le pasaba a menudo cuando se cepillaba los dientes, y en que tenía que comprar hilo dental. Escupió la pasta de dientes, los restos de comida y la suciedad, se enjuagó la boca y se planteó la posibilidad de usar flúor, pero finalmente decidió dejarlo para cuando fuese inútil. Observó con detenimiento su cara en aquel espejo con ese espantoso grabado mate en forma de flor en uno de los laterales. Se enseñó los dientes, miró más detenidamente su funda y pensó en la tremenda hostia que se pegó contra el suelo y que le había costado un diente. Se estiró las bolsas de los ojos, repasó con sus índices sus delineadas cejas y suspiró. Extendió la crema hidratante y calmante ligera oil free con esencia de aloe vera por la piel de cara y cuello y se preguntó si toda aquella parafernalia en torno a la estética y los cuidados diarios le serviría de algo o si terminaría arrugada y flácida, llena de pellejos, con esas arrugas en torno al labio que hacían confundir la boca de algunas mujeres con enormes ciruelas pasas y que les obligaba a usar un delineador para que el pintalabios no se escurriera por entre las grietas de su piel como afluentes.