29/3/08

En la estación III

Volvió a sus diapositivas, a sus fotos y a su trabajo, procurando no pensar demasiado en lo que tendría que afrontar en apenas unos kilómetros, puso música, sólo para ella, y dejó volar, libre, su imaginación.

Viajó por entre las carpetas que almacenaba en su portátil desde hacía años y se topó, no sabía realmente si de casualidad, con un archivo que estaba donde no tocaba, una foto que hizo cuando aún no sabía que lo que realmente la fascinaba era la posibilidad de capturar un momento, un segundo, en una imagen que, de algún modo, se haría eterna. Y se vio a sí misma en un autorretrato de una Paz completamente diferente a la que viajaba en aquel tren.

Miraba a través de la ventana como el paisaje se paseaba ante sus ojos, inmune a sus sentimientos, completamente ajeno a la tristeza que se apoderaba por momentos de todo su ser. Todo lo que la ataba a aquel lugar comenzaba a transformarse en los pájaros de barro que cantaba Manolo García, pájaros de barro que querían volar, pero Paz no los dejaba, temía poder perder lo único que creía bueno en su vida, sus recuerdos, los maravillosos recuerdos que la acompañaban, sus fantasmas, sus mejores amigos.

Y le pesaban como quien arrastra una pesada roca que alguien encadeno a su tobillo.

Cada día lo añoraba, cada día pensaba en el y sentía el enorme vacío que solo nos dejan las cosas que realmente nos importan. Hacia ya mucho tiempo que se había acostumbrado a vivir así, a arrastrar esa pesada carga que ya había hecho llagas en su piel, a ese viví sin vivir y morir sin poder morir, poco le importaba, poco le quedaba ya por perder, solo el miedo a la soledad que le acompañaría durante el viaje.

De repente y sin avisar llegó a su memoria la noche en que se conocieron.

3 comentarios:

joana abrines dijo...

¿hubo beso?

Un placer encontrarte en la red.
Te invito a pasar por mi blog de palabras candentes.

Un saludo desde Barcelona

Adolfo Llopis dijo...

Acostumbrarse a vivir con cargas pesadas es como acostumbrarse a vivir atado a un pequeño palo clavado en el suelo. A los elefantes pequeños se los ata de ese modo y no pueden arrancar el palo a estirones de modo que acaban cediendo. Cuando son mayores ya no lo intentan aunque podrían arrancarlo sin esfuerzo. La costumbre les ha hecho incapaces de desarrollar su potencial.

Pues eso mismo con las cargas.

:*

Momo dijo...

De Wittgenstein para Paz:
“Querida Paz,
a veces sentimos como se abren abismos que no existen, que no pueden existir, porque son conceptualmente inconsistentes. Nos empeñamos en “añorar” cosas que nunca hemos tenido, y en “temer” ideas que sólo son terribles por el halo de misterio que las cubre.
Nada podrá llenar el vacío que sientes, porque no tiene límites objetivos. Es como uno de esos abismos… a cada paso que des intentando salvarlo, los extremos se alejarán, sólo un poco más, pero siempre lo suficiente como para que vuelvas a sentir el mismo miedo a caer. Y te quedarás sentada sobre tu maleta en el andén de alguna estación de paso.
Sólo piensa que un vacío que no puede llenarse, no es “vacío”. Sólo tiene cierto sentido en la medida en que tu lo sientes… y desde el momento en que cogiste ese tren, es posible que exista como otra cosa que el eco lejano de un sentimiento.
En cuanto a como se aprende a dejar e escuchar “ecos” de este tipo…quizá no pueda decirse nada con sentido.”
Besetes!
PD de Momo: Lo de “besetes” es ya mío, no del maestro :)