Habrá que dejar la poesía para otro momento.
La racionalidad imperante en aquella situación se palpaba, lo cual era, hasta cierto punto, contradictorio.
Habrá que dejar la poesía para otro momento.
La racionalidad imperante en aquella situación se palpaba, lo cual era, hasta cierto punto, contradictorio.
Cuando aquella noche, sin previo aviso, el fenómeno climatológico conocido como diluvio se cernió sobre aquella ciudad en aparente cuarentena, a ella no se le ocurrió otra mejor que hacer que salir a sentarse sin abrigo en las escaleras de la entrada de aquella facultad ocupada.
- Eres demasiado auto destructiva, lo sabías? -murmuró una voz cada vez mas familiar a su espalda.
- Eso dicen
El recién llegado dejó caer con aparente descuido su chaqueta de cuero sobre los hombros de ella.
- Pesa -murmuró en lugar de gracias
- Eso dicen
Cuando se sentó a su lado la lluvia pareció caer con mas fuerza, rebotando en el suelo casi con furia, queriendo quizás enviar una señal a aquellos escépticos relativistas, una señal que como era de esperar no entendieron.
- Qué tal el día? -preguntó mientras encendía como podía un cigarro entre aquellas mangas en las que se le perdían las manos.
- Bien, ahora mejor.
- Por la lluvia o por la compañía?
- Por ambas.
El cigarro prendía entre sus dedos.
- Tu no fumas
- Lo se, es que me gusta verlo arder
- Qué rara eres a veces
- Eso dicen.
Dejaron olvidadas las plantas del balcón, el póster de una película que llevaba años pasada de moda, una zapatilla desparejada que alguien encontró en un armario y una sarten corroída, oxidada, gastada de usarla. El polvo se amontonaba en los rincones y medio limón se secaba en la nevera. El grifo goteaba, había goteado siempre.
El sentido resultó ser un farsante con pretensiones de universalidad que se las daba de listo, y cuando finalmente la dejó para marcharse con otra, la coherencia e incluso la sensatez, compañeras inseparables hasta la fecha, se fueron también. No importa, dijo para sí intentando ver el lado positivo del absurdo, jamás tendré que volver a preguntarme por la significación cabal de una proposición. Y tras esto se dejó caer en la pila del fregadero. Resulta hasta curioso, de hecho, que el significado de sentido sea tan variable, no? -preguntó. -Lo cierto es que te confundes -ronroneó Zoquete que volvió tras marcharse a preñar algunas gatas- estas mezclando en el texto que piensas escribir diferentes significado de sentido, no te va a salir bien, probablemente sea demasiado confundente.
Y quien le quita la razón a un gato?
Ya no recordaba cuanto detestaba los domingos por la tarde, la sensación de claustrofóbica angustia, las miles de horas que morían de cuatro a diez. Aquel domingo, para huir del hastío, se pintó las uñas de los pies de todos los colores, dibujó el mapa de África en su cuerpo y jugó a ser explorador, imaginó que era un gorila quieto bajo la manta de lluvia, ideó la forma perfecta de despedirse para siempre y cuando terminó solo eran las seis.
"Si no puedes llorar, habla, y si no puedes hablar, calla. Pero en fin, a veces empezamos a hablar y nos ponemos a llorar y al llorar decimos lo que no hemos dicho al hablar. No se si me entiendes. Si no, sigue así, con esa cara de boba."
Palabras desnudas de piel áspera y reseca,
frases hechas, versos malcurados.
Y sus dedos rasgando las cuerdas,
el roce de sus yemas con el nylon.
Versos de Neruda, y Espronceda
y Becker y Benedetti y Machado.
Y las estaciones de trenes llenas
de graffitis mal pintados.
Tienes cara de otoño -le dijo una vez- si, cara de finales de Septiembre, de cuando empieza a hacer frío y apetece, de cuando aun no añoras el verano porque no mueres helado cada noche, tienes cara de hojas secas, de viento que agita las ramas, de chaqueta de punto y calcetines, tienes cara de cambio de estación, de ramas desnudas, de tiempo de cosecha de maíz y girasol.
Más vale plumífero volador en fosa metacarpiana, que segunda potencia de diez pululando por el espacio.