31/5/09

Domingo

Ya no recordaba cuanto detestaba los domingos por la tarde, la sensación de claustrofóbica angustia, las miles de horas que morían de cuatro a diez. Aquel domingo, para huir del hastío, se pintó las uñas de los pies de todos los colores, dibujó el mapa de África en su cuerpo y jugó a ser explorador, imaginó que era un gorila quieto bajo la manta de lluvia, ideó la forma perfecta de despedirse para siempre y cuando terminó solo eran las seis.

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1 comentario:

k@T dijo...

Domingos...el peor invento despues de las cremalleras que se rompen con facilidad