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24/8/09

Mudanza


Dejaron olvidadas las plantas del balcón, el póster de una película que llevaba años pasada de moda, una zapatilla desparejada que alguien encontró en un armario y una sarten corroída, oxidada, gastada de usarla. El polvo se amontonaba en los rincones y medio limón se secaba en la nevera. El grifo goteaba, había goteado siempre.


13/3/09

13/2/09

La cosa




La cosa iba de miradas perdidas y encontradas… de abrir cráneos y ver mentes, de entender todo lo que no decimos, lo que esta más allá del lenguaje, lo que es lo místico, lo que sólo puede mostrarse, cómo las pedorretas en la tripa o los besos en la nariz, como pasar de todo, como dormir haciendo eses, como dos puntos asterisco en la pantalla. En definitiva, la cosa iba de hacernos sonreír.



25/12/08

De paredes y aromas


Y lo primero que hizo cuando el se marchó fue comprar la colonia que usaba y rociar con ella los cojines el comedor, las sábanas de la cama que compartían, la poca ropa que se dejo en el armario, e incluso, y por si surtía algún tipo de efecto, las paredes de aquella casa, “paredes que si hablaran contarían secretos inconfesables. Que tienen impregnado en cada uno de sus poros el aroma de la vida.”


El texto entrecomillado se lo tomo prestado a Adolfo, porque no se me ocurre una forma mejor de decirlo.


23/12/08

Mensajes descifrados

Y mientras se duchaba con el agua tan caliente como podía soportar no dejaba de pensar en aquella conversación que había durado ochenta y cuatro minutos y treinta y siete segundos. El agua la empapaba como llevándose la preocupación por el desagüe, o quizás no y sólo quería pensar que si, en cualquier caso, se aclaraba el pelo, paseando sus dedos desde la raíz a las puntas cada vez mas abiertas, abrió los ojos buscando el suavizante y vio el vaho apoderarse de la mampara moteada de falsas gotas, se entretuvo buscando formas en las lágrimas que el agua formaba en el cristal y entonces lo vio… debía haberlo escrito la ultima vez que se ducho en su casa… y al pensarlo ya no pudo evitar sonreír. A pesar de que, dado que las tuberías de aquella finca eran viejas y la bomba de agua se estropeaba cada dos por tres, el agua estaba saliendo fría, a pesar de que el suavizante le goteaba desde la mano hasta el plato de la ducha haciéndola resbalar, sonreía, a pesar del peligro evidente de muerte por escalabramiento y/o hipotermia, sonreía…



15/11/08

Ser-ahí

Era un ente abierto al ser, “ser” como aquello que instala y mantiene a los entes concretos en su entidad, era un Dassein arrojado al mundo, un “ser” tal que sólo a él «le va» su propio ser, que mantenía una explícita relación de co-pertenencia consigo mismo, que se hallaba en cada caso abocado al mundo. Era un ser-ahí y era suave, tanto, que la pregunta por el ser le resbalaba.

28/10/08

Noches Árticas




De esas canciones que erizan el vello,
de esas que podrías escuchar una y otra vez sin dejar de emocionarte,
de esas canciones que un día alguien te comenta
casi de casualidad
y acaba convirtiéndose en una de tus favoritas.

Sueños de Noches Árticas


17/10/08

Olores


El café con leche que olía a menta y canela le devolvía a las mañanas frente aquella ventana viendo el mundo funcionar. Tostadas con philadelphía y mermelada de melocotón, bostezos y miradas perdidas en el blanco roto de una mesa de comedor. Porqué los olores tenían esa capacidad de hacerla viajar por el tiempo y el espacio? Su pintalabios olía a invierno, la casa de su abuela a cocido, aquella colonia a tardes en el banco de la esquina, esa camiseta a tranquilidad y el café con leche a las mañanas que se despertaba con el.


6/10/08

Tomamos un café?

Aquella tarde la paso entera en el álbum de cosas que guardaba en la estantería de arriba, entre la libreta de listas y un altavoz.
Todo empezó con un café, aún tenía el sobrecito de azúcar con el que endulzó tanto la bebida como la situación, le gustaba pensar que su vida cambió con una frase, con una no demasiado especial, con una bastante cotidiana, una frase cualquiera oída decenas de veces antes, pero nunca como entonces.
- Tienes prisa?
- No
- Tomamos un café?
“Tomamos un café” y diez minutos después ya sabia que aquello era diferente, no sabía porque, era demasiado poco tiempo, pero sabía que lo era, y eso le produjo una sensación de paz envolvente y contagiable que debió notarse hasta en su forma de caminar.
Capuchinos para los dos, con nata y pajita negra en vaso largo y blanco.
Café de las letras. De las letras de tu nombre. Y dos días después la historia se repetía.
- Tomamos un café?
Y aquello no hizo más que confirmar su sospecha. Y desde entonces hasta hoy “tomamos un café” no ha hecho más que confirmar una y otra vez sus sospechas, que su vida cambió con una frase, una no demasiado especial.

- Tomamos un café?


20/8/08

Confianza

Cuando dos personas se cepillan los dientes en el mismo baño, al mismo tiempo, frente al mismo espejo, es que hay confianza...

1/8/08

Canciones



26/6/08

La aritmética de los placeres

"La aritmética de los placeres obliga al cuidado del otro: la definición del núcleo duro de la moral. Para sus adversarios, el hedonismo es el síntoma de la indigencia de nuestra época; individualismo, dicen –confundido más bien con el egoísmo: el primero afirma que sólo hay individuos, el segundo, que no existe nadie más que él-, autismo, consumismo, narcisismo, indiferencia con respecto a los sufrimientos del prójimo y de toda la humanidad…


De hecho, el hedonismo defiende exactamente lo contrario. El placer nunca se justifica si el precio es el displacer del otro. Sólo hay una justificación del displacer del otro: cuando no se puede hacer otra cosa para evitar el dominio destructor de la negatividad del tercero. En otras palabras, cuando la guerra se vuelve inevitable. El regocijo del otro induce el mío; el disgusto del otro causa el mío."


Michael Onfray. La fuerza de existir. Manifiesto hedonista

17/6/08

Sólo solo

Deambuló por los pasillos de una casa que le era tan propia como extraña, pasaba los dedos por las paredes marcadas de gotelé, llenas de cicatrices y manchas de un pasado no siempre lejano, testigo, como suelen serlo las paredes, de secretos inconfesables, de sonrisas y de llantos, de tantas y tantas cosas que mientras caminaba podía notar los recuerdos abrazándole. La luz del atardecer del comedor le cegaba, pero tampoco le importó, desde que ella se marcho casi nada le importaba. Se sentó en aquel sofá que se le antojaba enorme y echó mano de su vieja guitarra, desconchada y repleta de restos de lo que en su día fueron pegatinas con gran valor sentimental, se abrazó a ella como si la abrazara a ella, paso los dedos por las curvas de la caja como su volviera a tocar el cuerpo desnudo del que una vez disfrutó y acaricio sus cuerdas como acariciaba su pelo, su pelo… Comenzó a tocar, eran notas sueltas, como las palabras que acabó llevándose el viento, no eran nada y lo eran todo, la incoherencia de cuando temes perder lo que mas amas, amar… El punto que anudaba sus labios se soltó y de ellos nació la más bella melodía, la más bella que nunca había tocado, la más bella como todas, todas eran las más bellas, todas salían de lo más profundo del dolor que nunca se creyó capaz de sentir. Se sorprendió a sí mismo perdido en el abismo de la soledad de los días que pasaban goteando y le dolió de nuevo la cicatriz de su corazón, lo que más odiaba era ponerse sentimental, era la melancolía, los pensamientos que le abordaban en cada esquina, con cada foto, cada olor. La sensación de no ser dueño de nada, de que todo se le escapaba, de que toda era mas grande que el. Se levantó odiando la guitarra y buscó por la casa su paquete de tabaco, abrió un cajón y maldita la hora en la que quiso fumar, una nota lo miraba, por encima de los demás trasto, una nota como otra cualquiera de esas que se dejan con un imán en la nevera, de esas que ella dejaba en la mesita de noche cuando le tocaba madrugar, una nota de esas que le hacía sonreír, siempre, una nota, puta nota que venía a recordarle que no estaba, que nunca volvería, puta nota que era casi todo lo que le quedaba. No tenía fuerzas ni siquiera para contener las lágrimas y lloró, desconsolado, muriendo un poco cada instante, muriendo él también. Ya no se preguntaba porqué, ya no le importaba ni eso, sólo se dejó crecer la barba, sólo dejó de comer, sólo dejó de sonreír, sólo evitaba los espejos, sólo llevaba meses durmiendo en el sofá, por no volver a las sábanas que olían a ella, sólo no era nada, no era nadie, no existía, sólo era recuerdos en una caja vacía, esperando consumirse en su propia pena, esperando el final, su final, otro final, uno más…


11/5/08

C o s a s

B e s o s L o s P l a n e t a s C a f é c o n c a n e l a y m e n t a E l e d r e d ó n R i s a s S o n r i s a s T u p i e l a l d e s p e r t a r L a v e n t a n a d e t u c u a r t o L a l u z d e l a m a n e c e r P a l a b r a s s u s u r r a d a s U n a h a b i t a c i ó n r o j a L á g r i m a s S e c r e t o s T u p e l o m o j a d o a l s a l i r d e l a d u c h a C a r i c i a s e n m i e s p a l d a E l r o c e d i s c r e t o d e n u e s t r o s c u e r p o s m i e n t r a s n o s p r e p a r a m o s p a r a s a l i r a l m u n d o u n d í a m a s . . .

9/5/08

admirar.

(Del lat. admirāri).


1. tr. Causar sorpresa la vista o consideración de algo extraordinario o inesperado.


2. tr. Ver, contemplar o considerar con estima o agrado especiales a alguien o algo que llaman la atención por cualidades juzgadas como extraordinarias. U. t. c. prnl.


3. tr. Tener en singular estimación a alguien o algo, juzgándolos sobresalientes y extraordinarios


8/5/08

Bailo

Mientras se hacen las tostadas, bailo...

1/4/08

Es imposible

Es imposible no adoptar la expresión facial que me hace flexionar los músculos cercanos a la boca y los que están alrededor de los ojos cuando te veo.

Es imposible no sonreír.

8/3/08

El tocaba la guitarra

Y mientras el tocaba la guitarra ella se sentó a los pies de la cama, se descalzó y cruzó las piernas poco antes de que el empezara a cantar: “Confía en mi, nunca has soñado poder gritar, y te enfureces, es horrible el miedo incontenible…” Lo miró como no lo había hecho antes, vio como los músculos de su brazo se tensaban al compás de aquel acorde, como fruncía el ceño para entonar, vio como bailaban sus dedos, como movía los labios y pensó que si no paraba pronto estaría perdida.