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19/11/10

Esto es para ti que dices que ya no escribo.




Pensó en lo oportuno que se le antojaba hacer un elegante mutis por el foro, desaparecer sin hacer ruido, irse como se había estado yendo casi sin querer y sin poder evitarlo. Mientras planeaba una fuga improvisada se despistaba mirando de reojo el subir y bajar de su pecho hinchándose y deshichándose, arriba y abajo, casi como si respirase. Metió en una maleta unas bragas, un suéter, un paragüas de varillas rotas, y un libro de Tolstoi y se marchó como se había estado marchando casi sin querer y sin poder evitarlo. Cuando alcanzó la puerta, desnuda bajo un abrigo rojo pasión, su gato maulló lo que a ella le pareció un "espera", siempre supo que la sugestión era de necios, así que se convenció de que efectivamente y contra todo pronóstico su gato había maullado y esperó para no irse como se había estado yendo casi sin querer y sin poder evitarlo.




7/10/10

Hoy he sacado un libro de la biblioteca entre las páginas del cual he encontrado una nota que apesta a colonia en la que hay escrito:
"Lo siento por ayer, no te desperté, parecías muy cansada, que te hayas divertido mucho en Chicago, diviértete en Orlando, y que tengas un buen retorno a España, fue muy divertido conocerte, beso. Mauricio"


14/12/09

Lunes


Entro encogida, casi replegada sobre mi misma, con la cara enterrada en lana morada y las manos enfundadas en cuero negro, por la puerta trasera de la cafetería de la facultad -el segundo lugar más cálido en el que se me ocurre refugiarme-. Nada más verme, el bueno de Prochain se acerca para abrazarme mientras me dice: hacemos todo lo que podemos. Pero porqué Prochain? pregunto compungida. Porqué hace tanto frío? Ah, querida Silence, dijo, el horror, el desamor, el ser arrojado al mundo, lo absurdo de la tragedia humana, no lo sé, pero te prometo que haré lo que sea para solucinarlo.


19/7/09

Del día que el sentido se marchó con otra


El sentido resultó ser un farsante con pretensiones de universalidad que se las daba de listo, y cuando finalmente la dejó para marcharse con otra, la coherencia e incluso la sensatez, compañeras inseparables hasta la fecha, se fueron también. No importa, dijo para sí intentando ver el lado positivo del absurdo, jamás tendré que volver a preguntarme por la significación cabal de una proposición. Y tras esto se dejó caer en la pila del fregadero. Resulta hasta curioso, de hecho, que el significado de sentido sea tan variable, no? -preguntó. -Lo cierto es que te confundes -ronroneó Zoquete que volvió tras marcharse a preñar algunas gatas- estas mezclando en el texto que piensas escribir diferentes significado de sentido, no te va a salir bien, probablemente sea demasiado confundente. 


Y quien le quita la razón a un gato?


25/5/08

Monstruo Volador de Espagueti

Me ha dicho Descartes que Dios existe porque él tiene la idea de perfección siendo un ser imperfecto, y que de algún sitio la ha tenido que sacar. Y por un razonamiento que no llego a ver del todo claro, afirma, demasiado convencido para mi gusto, que si tiene esa idea de perfección siendo un ser imperfecto debe de ser porque un ser perfecto se la ha dado. Bueno, Descartes y yo nunca nos hemos llevado muy allá, cosas que pasan, pero el argumento me ha convencido y ahora me reafirmo en mi fe: Si tengo la idea de un Monstruo Volador de Espagueti, es evidente que la tengo porque el me la ha dado, luego existe (a pesar de su invisibilidad e indetectabilidad), porque si no yo no podría tener la idea de Monstruo Volador de Espagueti, no?

19/5/08

Semana de acampada

El Lunes, a eso de las diez, unos pocos alumnos de Filosofía estábamos en la puerta de la Facultad, con apenas un par de tiendas de campaña y algún saco de dormir. Los había, eso sí, cargados de esperanzas, con una fe ciega (cosas de la fe) en la revolución que iba a empezar en pleno jardín de Blasco Ibáñez, con ilusión, con ganas, con palabras de ánimo, en fin, con todas esas cosas necesarias e imprescindibles para la ocasión. Yo los miraba, un poco alejada, y pensaba “No me convence” “No quiero estar aquí” me lo repetía una y otra vez. “No va a servir para nada” Concluí en mi escepticismo. “En fin” me dije a mi misma, “a ver como se desarrollan los acontecimientos”.

Se hicieron las once y decidimos cruzar, llegamos al que sería nuestro hogar, querido hogar por tiempo indefinido, una tienda de campaña amarilla y de propaganda de una marca de alcohol se abrió, casi por arte de magia, todo había empezado, incluida la primer discusión.

La gente iba llegando, las ganas iban aumentando, la fe no era tan ciega, las cosas pintaban de otro color. Piquetas en el suelo, Quechuas por los aires. ¿Alguien sabe montar esto? Apenas unas horas después aquello era nuestro campamento, de los estudiantes de filosofía, de los solidarios con la causa, de cualquiera que quisiera y de nadie más. Allí estábamos, incrédulos algunos, observando cómo había cambiado nuestra visión del mundo en apenas un día.

La noche la pase en casa, no quería adelantar el momento, no quería precipitarme, no quería que mi primera experiencia como indigente fuera forzada, la primera noche dormí en mi cama.

Al día siguiente el campamento seguía allí, funcionaba sin importar lo que yo pensara, probablemente por falta de implicación, la gente iba de un lado a otro, firmas, pancartas, canciones. Había pasado el segundo día y ya nos habíamos hecho oír, medios de comunicación haciéndose eco de la noticia: Medio centenar de estudiantes acampados en Blasco Ibáñez en protesta por el borrador elaborado por la Consellería de Educación… “Esto funciona” decían unos. “La cosa va mejor de lo esperado” Contestaban otros. Yo me sentía pez fuera del agua. Algo no me convencía en todo aquello y a falta de saber qué allí seguía más que nada porque había algo por lo que luchar.

Anocheció, las guitarras acompañaban a los grillos y los caracoles atacaban a jóvenes campistas. Cuando el sueño fue mas grande que las ganas de seguir hablando me recluí en mi habitáculo con colchoneta y sin almohada, imposible dormir, la calle no esta para descansar.

A la mañana siguiente caí en la cuenta de que la revolución no era para aburguesados. ¿Cómo has dormido? Preguntó una voz anónima. Horriblemente mal, contestó mi subconsciente. Pues yo no he dormido mejor. Ya lo se ya, te oí maldecir anoche.

Las anginas hacían acto de presencia, a veces me olvido de que las tengo, esa semana las tuve muy presentes. Era miércoles y a las nueve tenía clase. ¿Cómo ir a clase con semejante somnolencia? Pues como siempre que la clase es a las nueve, con ganas.

Eché de menos mi ducha hasta que por fin me encontré con ella. Miércoles de quedada anulado. Cosas que pasan, sacrificios permisibles para algunos.

Esta noche no me quedo, anuncié, os cedo mi colchoneta. A la mañana siguiente ya era Jueves. El comedor vegano fue un triunfo, independientemente de aquellos que decidiera convertirse. Las clases al aire libre no me termina de convencer, por lo incomodo de aposentarnos todos en las escaletas, dos horas en la misma postura no debe ser sano. Alusiones aparte, la clase reveladora me subió el ánimo que volaba a ras del suelo desde el principio de semana. ¿Dónde dormí aquella noche?

Al despertar era viernes, viernes de desalojo, viernes de discusiones, viernes de hipocresía. Performance de lo celos de colores que cerraban bocas con cruces, en fin. Sentados en el jardín de Epicuro, lugar conocido como campamento Diógenes, hicimos como que no cuando la policía nos dijo que desalojáramos. La idea de las porras en el aire y las tiendas destrozadas por la violencia desatada del cuerpo policial no me convencía mas que lo otro, pero si me parecía mas real. Victima de la democracia y en acto solidario yo también me senté en el suelo, podría no haberlo hecho, habría dado igual.

Una serpiente de filósofos descontentos cruzo Blasco Ibáñez con el semáforo en rojo y fue recibido con aplausos que se contestaron con aplausos. Cruzamos el campamento y les dejamos Blasco Ibáñez a los clientes habituales.

Asamblea de las tres de la tarde con los nervios de punta, con el cansancio acumulado, los músculos agarrotados y las ganas de que terminara acechando.

La conferencia de las cuatro y media me devolvió a la realidad, era viernes por la tarde, el campamento terminaba, al menos por esa semana, no quedaba nada, me sentí bien, estaba tranquila, me encantó la conferencia en la que me presentaron una versión de la historia que no conocía. A las siete en el autobús sólo me apetecía sonreír.

Y sonriendo estuve hasta la tarde de ayer, ahora sólo me molestan las anginas.