12/2/08

Recuerdo


La albufera. Verano del 2007. Eozikune.





Acabo de caer en la cuenta de que el día 5 fue el cumpleaños de un chico del que pase enamorada tres largos veranos y que ahora sólo viene a visitarme en forma de recuerdo cuando algo despierta en mí esa melancolía que me enseñó. Ya nunca lo echo de menos. Es curioso el poder que el tiempo ejerce en nuestros recuerdos, en nuestros sentimientos o en nuestra forma de ser. ¿Dónde nacen las emociones?. Todo esta en constante cambio, todo fluye, que dice Heráclito, nada es lo mismo un segundo después, y en este río de acontecimientos yo me pregunto cómo es posible que en ocasiones un olor, una canción, una conversación, un lugar, una mirada, nos devuelva a un lugar lejano en el tiempo que creíamos olvidado. ¿Dónde se almacenan los recuerdos? ¿Quién los clasifica? ¿Por qué conservamos unos y reciclamos otros? El olvido me obsesiona, no quiero olvidar ni que me olviden, imagino que la necesidad de la inmortalidad es común en el resto de mortales, no ya perpetuar mi yo corpóreo en este mundo, no quiero vivir mil años, no quiero estar presente en la tercera guerra mundial, ni en el próximo ataque nuclear, ni quiero ver como el meteorito ese que ronda la orbita terrestre decide impactar contra esta pelota en la que vivimos y de la que nos creemos dueño, yo quiero vivir en el recuerdo, en alguna estantería olvidada a modo de libro, en algún mercadillo lejano e forma de carta, en algún cajón de una casa vieja en forma de diario. Pero para poder vivir en el recuerdo primero tiene que haber algo que recordar. Lo cual me recuerda, valga la redundancia, que hoy es un nuevo día, que en la calle hay gente con mil historias que contar, que en el metro me encontraré al estudiante de siempre, al empresario de siempre, al anciano de siempre que dormita hasta que llega su parada. Cada uno con sus pensamientos, con sus recuerdos, con sus canciones favoritas, con sus anhelos y sus sueños. ¿Cómo inmortalizar un recuerdo entre tanta gente? ¿Cómo ser diferente?

3 comentarios:

Adolfo Llopis dijo...

Es una difícil cuestión. En tiempos de los griegos clásicos, si ganabas una batalla podías convertirte en un héroe y que tu recuerdo perdurase en el tiempo en forma de leyenda. Aquiles por ejemplo, tuvo su oportunidad de quedar en la historia en lugar de aceptar que su recuerdo muriera con sus descendientes en pocas generaciones.

Hoy en día los europeos tenemos que nadar en un océano de mediocridad y no resulta fácil sobresalir en la marea.

¿A cuánto estás dispuesta a renunciar en tu vida para ganarte un puesto en la inmortalidad? Porque "no puedes comerte el pastel y conservarlo a la vez".

- SiL - dijo...

No creo que las cosas hayan cambiado tanto desde los tiempos de los Antiguos Griegos, cualquier hazaña que requiera valor, una lucha por los ideales, una muerte por la defensa de unos valores, sigue garantizando, en mayor o menor medida, la inmortalidad.

En algún sitio leí que fue la madre de Aquiles la que decidió por el, pero de todos modos es verdad que un profeta predijo que a Aquiles se le daría a escoger entre una vida corta y gloriosa o larga y anodina.

Y ahora que lo pienso la mayoría de las leyendas inmortales han tenido una muerte trágica y prematura, pero yo no, yo no necesitaré morir joven para poder ser inmortal, yo no quiero la inmortalidad de Aquiles, yo espero una eternidad mas modesta, no hace falta que mi nombre este en la wikipedia, me conformo con que me conserve alguna memoria de modo desinteresado porque algún día de casualidad se topó con algo que yo escribí y cambió su modo de ver el mundo, ya te digo, una inmortalidad increíblemente modesta.

Roca dijo en clase que un hombre tiene tres muertes diferentes: la muerte física, la primera, evidentemente, a la que le sigue la muerte de la última persona que le conoció y la del último de su descendencia. No se donde encaja todo esto en esta historia, pero me ha venido a la memoria.

Y en otro orden de cosas: Que grande el Señor Roca.

Irrelevante dijo...

Llevo muchos días pensando sobre esta cuestión (mi sufrida novia, pobrecita ella, es testigo presencial...) y de repente me encuentro estas reflexiones aquí en tu blog. Como mola. El Tercer Wittgenstein piensa como una sola mente :) La frase de Roca me ha iluminado, en serio. De nuevo le debo una. Y a ti por esta entrada! agradecido quedo silvia, muxos besitos! :*